BUENOS AIRES (AP) — La agencia de venta de automóviles de Carlos Avoguadra está poco iluminada y sin clientes. Su dueño está igualmente desolado: desde que el inesperado resultado en las primarias presidenciales causó una abrupta devaluación del peso argentino no concreta operaciones ni sabe cuándo lo hará.
Avoguadra, de 70 años, es uno de los tantos pequeños empresarios sumido en las dudas tras el cimbronazo que produjo en los mercados la aplastante victoria del populismo el domingo y la percepción de que tiene casi asegurado un triunfo en las elecciones generales de octubre.


