El gobierno de Trump lleva semanas asegurando que las conversaciones comerciales con China son “productivas”. Sin embargo, la estratagema ya no funciona.
Ahora, el presidente Donald Trump afirma que elevará los aranceles a las importaciones chinas por un valor de 200 mil millones de dólares, desde el 10 % que impuso el año pasado hasta el 25 % a partir del 10 de mayo. Una medida que se debe a que China está avanzando “muy lentamente” en las negociaciones comerciales, tuiteó Trump.
En gran parte, resulta evidente. Al inicio, Trump dijo que si no llegaba a un acuerdo con China aumentaría los aranceles a partir del 1 de marzo. Ese plazo se cumplió sin acuerdo y sin aranceles adicionales. Entonces ahora Trump se está limitando a hacer lo que dijo que haría, solo que con un par de meses de retraso.
Se trata de un acontecimiento inquietante que puede afectar a los mercados financieros. El aumento de los aranceles incrementaría los costos, sin la ganancia correspondiente. No obstante, más allá de eso, la aplicación contundente de los aranceles por parte de Trump podría indicar que, después de todo, China no está colaborando en las prolongadas conversaciones comerciales, lo cual podría hacerle sentir que tiene el control. Y, en ese sentido, China podría tener razón.
Trump nunca ha revelado exactamente qué le está pidiendo a China en sus negociadores, pero se ha quejado públicamente sobre el elevado déficit comercial de Estados Unidos con China. Se trata de un elemento que China podría utilizar para instar a las empresas estatales a comprar más exportaciones estadounidenses, como en el sector de la energía y los alimentos. Ese tipo de decisión podría ir en contra de las reglas del comercio global, pero China podría estar de acuerdo, podría permitir que Trump gane y preocuparse por los detalles más adelante.
En cambio, China mostrará más reticencia a ceder el control gubernamental de la industria, dejar de piratear la tecnología extranjera y permitir que las empresas estadounidenses operen con más libertad en el mercado chino. A diferencia de las democracias occidentales, China controla con fuerza los sectores de la economía que considera estratégicamente importantes, y Trump básicamente le está diciendo que deje de hacerlo. Los expertos en comercio insisten en que China no lo hará y, si es necesario, se enfrentará a la decisión de Trump con otra medida.
Los aranceles de Trump afectan a los estadounidenses
El problema de Trump es que para sancionar a China, primero debe castigar a los estadounidenses. Ya lo está haciendo con los aranceles que impuso el año pasado. Los economistas han valorado el costo de los aranceles de Trump en 3 mil millones de dólares al mes, y eso en nuevos impuestos que pagan los estadounidenses, no los extranjeros, como Trump sigue insistiendo erróneamente.
Los aranceles de Trump también han dado lugar a la imposición como represalia de otros aranceles a las exportaciones estadounidenses a China, Europa, Canadá, México y otros países, los cuales afectan a los agricultores estadounidenses y algunas empresas. Trump puede pensar que la economía de los Estados Unidos es lo suficientemente fuerte como para absorber unos miles de millones de dólares en aranceles, pero el mecanismo no funciona así con quienes pagan el costo o sus representantes políticos.
El senador republicano Charles Grassley de Iowa, quien preside el Comité de Finanzas del Senado, dijo recientemente que Trump debe eliminar todos los aranceles para que el Congreso ratifique el nuevo acuerdo comercial que negoció con China y México. Grassley no mencionó a China, pero los chinos seguramente se dieron cuenta de que el propio partido político de Trump se está enfrentando al presidente por los aranceles. Los republicanos también han introducido una legislación que hará más difícil imponer aranceles por razones de seguridad nacional, una táctica que Trump utilizó el año pasado para las importaciones al acero y aluminio y que ha amenazado con usarla para los coches importados.
Trump enfrenta muchos problemas en el país, incluidos los derivados del informe de Mueller y las investigaciones de la Cámara de Representantes que se intensificarán durante el resto de su mandato. Su índice de aprobación es tan solo del 43 %, a pesar de contar con una economía sólida y un mercado laboral en auge. Por tanto, el hecho de que China avance lento en las negociaciones con Trump cobra sentido: la política comercial de Trump es impopular dentro de su propio país y partido, así que ¿por qué llegar a un acuerdo si el apoyo de Trump en su propia casa está a punto de desmoronarse?
Con el aumento de los aranceles, Trump ha destapado el truco de China, y China podría hacer las concesiones necesarias para llegar a un acuerdo. Sin embargo, China también está preparada para la peor oferta de Trump. Así que la situación podría degenerar aún más. Trump asegura que, si no llegan a un acuerdo, pronto impondrá aranceles a otro enorme tramo de las importaciones chinas. Hasta ahora, los aranceles de Trump se han aplicado principalmente a los productos industriales utilizados como componentes en la fabricación de otros artículos, lo que significa que son los fabricantes quienes tienen que lidiar con este problema, pero los consumidores en realidad no lo notan.
Sin embargo, si Trump impone aranceles a otros productos, probablemente incluirá una gran cantidad de bienes de consumo como juguetes, electrónica, muebles y ropa. Los aranceles se traducirían en precios más elevados y es probable que los consumidores lo noten. Por tanto, los chinos podrían optar por dejar que Trump siga adelante y aumente los precios a los estadounidenses, así como por imponer más aranceles de represalia a las exportaciones estadounidenses que afecten a los agricultores del país mientras que Trump se enfrenta con sus colegas republicanos y con los votantes afectados por sus políticas comerciales.
Trump afirmó que las guerras comerciales son “fáciles de ganar”. Sin embargo, esta la podría perder en su propia casa mientras su adversario extranjero usa esa carta en su contra. YAHOO