WASHINGTON (Reuters) - La Reserva Federal digirió los recortes de impuestos y los planes de elevar los gastos del presidente Donald Trump apenas con un hipo, pero la decisión del Gobierno de subir los aranceles a las compras de acero y aluminio de Estados Unidos enfrenta al banco central con sus dos peores pesadillas: una inflación acelerada y una ralentización global.
La combinación de estímulo fiscal con una guerra comercial en ciernes es una receta para el tipo de situación desafortunada que los jefes de bancos centrales encararon en la década de 1970, cuando tuvieron que soportar una elevada inflación para no correr el riesgo de que las alzas de tasas de interés desataran una recesión.



















