EFE - Apenas lleva Jerome Powell dos semanas en la presidencia de la Reserva Federal (FED) y ya hemos podido asistir a la mayor caída de la historia del Dow Jones en puntos básicos y a un repunte de la inflación en estados Unidos. El mismo día que juró el cargo, la volatilidad se situaba en máximos, habiendo multiplicado por tres su valor en apenas días.
Si bien estos datos no deben alarmarnos hasta el punto de entrar en pánico, sí que invitan a la reflexión y al análisis de las consecuencias que tendrán sus políticas para Europa, señala Luis Garvía, profesor de Finanzas en ICADE Business School.
Powell tiene el difícil reto de poner en clave de política monetaria la visión económica de Trump, al mismo tiempo que trata de reducir el balance de la FED inflado por la compra de deuda pública. Trump anunció en el debate del estado de la Unión un plan de inversión en infraestructuras, unas semanas después de prometer un dólar fuerte en Davos, prácticamente en paralelo con la publicación del dato del déficit comercial USA (566.000 millones de dólares, récord desde 2008). Tras un año de mandato de Trump pocas cosas hay ciertas, y una de ellas es la incertidumbre. Según ha publicado el New York Times, de los 12 cargos más próximos al presidente sólo cinco continúan en su puesto.
Entre las pocas cosas previsibles, destacan las próximas subidas de tipos que continuará realizando la FED, al menos en el corto plazo. Si se espera todavía un mayor crecimiento de la inflación, estas subidas se podrían realizar incluso a mayor velocidad. En esta situación, es conveniente seguir de cerca la evolución de la rentabilidad del bono estadounidense a diez años. Si la presión de la subida de tipos provocase que la rentabilidad de los títulos de corto plazo fuese mayor que la de la deuda a diez años tendríamos una curva de tipos invertida. Todo parece indicar que el gobierno estadounidense va por este camino.
Ahora bien, ¿cómo afecta todo esto a Europa? Nuestra situación macroeconómica es diferente. El año 2017 se ha cerrado con un superávit comercial de 238.100 millones de euros: las exportaciones han batido récords, la inflación está controlada y se han realizado reformas estructurales en algunos países miembros que invitan a cierto optimismo. En el lado del debe, el balance del Banco Central Europeo presenta los mismos problemas que el de la FED tras la política de estímulos, la crisis en general y las de deuda en particular se han resuelto de manera desigual en cada estado y estamos todavía lejos de una unión europea efectiva a nivel político.
La relación que tengamos entre la cooperación que se cree a nivel interno y la competitividad en el ámbito internacional marcará la diferencia para la Unión Europea. Un euro fuerte no tiene necesariamente que interpretarse como un riesgo para las exportaciones futuras, especialmente si exportamos servicios o producto de gran valor añadido con materia prima importada. Un euro fuerte puede interpretarse, por tanto, como el resultado de un trabajo bien hecho, de una creciente apreciación tanto del producto como, especialmente, de los servicios europeos. Con superávit en la balanza comercial y un euro cada vez más apreciado frente al dólar, no sería necesario subir los tipos de interés en la zona euro para controlar la inflación. Japón lleva décadas en esta curiosa situación.
La situación es mucho más compleja y un análisis como el anterior, aunque valga como primera aproximación, es incompleto. El riesgo sistémico existe, y tras las crisis del 2008 hemos asistido a un proceso de conglomeración de instituciones que junto con el aumento de los requisitos regulatorios ponen en entredicho la flexibilidad y resiliencia de nuestro sistema. Internet hace que todo suceda mucho más rápido, no siempre como sería deseable que sucediese. El "brexit" y el conflicto catalán son dos oportunos ejemplos que ilustran la fragilidad que puede llegar a presentar nuestra unión política. En este contexto, una posible oportunidad para Europa asociada con la debilidad de Estados Unidos podría transformarse perfectamente en una crisis europea debido al efecto contagio y a la falta de liderazgo.
Las recientes declaraciones del ministro alemán de Exteriores, Sigmar Gabriel, en Múnich, abogando por la puesta en marcha de una política exterior común para la UE, así como la propuesta del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, de fusionar en una única figura las presidencias de la Unión y la Comisión, claramente apuntan a esta necesidad de reforzar el liderazgo europeo. euroefe.